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La bondad no es debilidad, es una elección consciente. Agotar la paciencia de una persona justa es uno de los errores más costosos que se pueden cometer.
Vivimos explicando decisiones que no requieren explicación a personas que no merecen el acceso.
El que te hace reaccionar te controla. El que elige cuándo y cómo responder — ese manda.
La persona que más necesita el acuerdo, la aprobación o la relación — es la que menos poder tiene en esa dinámica.
Vivimos en una cultura que premia al que habla más fuerte. Pero el poder real rara vez hace ruido.
Los amigos creen que te conocen, y eso los hace sentirse con derecho sobre ti.
Tenía sabiduría sobrenatural, riqueza sin igual y la presencia de Dios. ¿Cómo terminó tan mal?
Hablamos de virtud pero ansiamos poder. Condenamos el mal pero justificamos los propios pecados.